Alimentación saludable desde la salud mental
Vivimos en una era profundamente influenciada por las redes sociales. Redes que no solo muestran, sino que también indican que deberíamos comer, cómo debería verse el cuerpo y qué está bien o mal.
Estos mensajes se presentan como verdades absolutas y no son neutros. Moldean cómo nos relacionamos con la comida, el hambre y el propio cuerpo. No afectan a todos por igual: pueden resultar especialmente dañinos en personas que aún están construyendo una opinión propia o que dependen de referentes externos.
Cuando estos mensajes aparecen con tanta certeza y sin matices, su influencia se vuelve particularmente poderosa. Lo relativo a la alimentación y al cuerpo no es inocuo: tiene efectos psicológicos. A veces, de forma silenciosa, la alimentación comienza a vivirse como una prueba moral: hacerlo “bien” nos vuelve valiosos; hacerlo “mal”, nos llena de culpa.
La siguiente tabla muestra algunos mandatos instalados en la cultura actual y cómo, desde la salud mental, podemos mirarlos de otra manera: no desde el control, sino desde el cuidado hacia uno mismo.
CULTURA | DESDE LA SALUD MENTAL |
“La nutrición y el cuerpo como centro del control” | |
Comer sano es controlarse. | Comer sano no es controlarse, sino cuidarse. |
No es ignorar el hambre, sino respetarlo. | |
No es imponerse al cuerpo, sino escucharlo. | |
“Moralización de la comida” | |
Hay alimentos “buenos” y alimentos “malos” | No existen alimentos morales. |
La comida no es “buena” ni “mala”, es comida. | |
Comer sano implica comer distintos tipos de alimentos, sin culpa. | |
“La comida como deber” | |
Comer es solo nutrirse. | Comer también es sentir. |
El placer no es enemigo de la salud; es parte de ella. Es también textura, olor, temperatura, memoria, sabor, vínculo e historia. | |
Disfrutar lo que comes no es exceso, es conexión. | |
“La negación de la vulnerabilidad: la cultura de la dureza” | |
Comer sano es comer siempre igual. | No todo comer por emoción es problemático. A veces, comer algo rico alivia, contiene o acompaña. Lo que no es saludable es que la comida sea el único modo de gestionar las emociones, porque pasa a convertirse en anestésico. |
Si estas triste, no comas por emoción. | Sentir no es flaquear. Necesitar consuelo, no es fracasar. Comer cuando estás triste no te hace débil; te hace humano. |
“El cuerpo como enemigo” | |
El cuerpo es algo que hay que dominar o callar. | La verdadera fuerza no es ganarle al cuerpo, sino poder habitarlo. |
Nada de lo que mencioné anteriormente es una negación de que una alimentación saludable incluye la presencia de frutas, vegetales o actividad física. El cuerpo, tal como es, también se enferma, y cuidarlo implica aplicar ciertas medidas concretas
Lo que interesa cuestionar es cómo esos cuidados se han transformado en exigencias rígidas, mandatos morales y pruebas de carácter. Cuando cuidarse deja de ser un gesto de respeto y pasa a ser una obligación sostenida por el miedo, la culpa o la vergüenza, se configura un desplazamiento: desde la salud hacia el control.
Un cuidado que nace desde la culpa o la autoexigencia puede verse ordenado por fuera, pero estar enfermo por dentro.
Desde la salud mental, comer sano no es cumplir una lista perfecta, sino construir ― lentamente― una relación más habitable con el cuerpo: una relación donde cuidarse no implique malestar y donde la comida deje de ser una prueba, para volver a ser parte de la experiencia humana