La trampa del Body Positive (Parte 2): entre la libertad y la negación
Una reflexión personal y clínica sobre las tensiones y contradicciones de este movimiento social y su discurso
DE LA EXPERIENCIA PERSONAL A LA EVIDENCIA CIENTÍFICA
Al finalizar la primera parte de esta reflexión, planteé una inquietud que comenzó a surgir con los años: la sensación de que un movimiento que había nacido para aliviar un sufrimiento asociado a la imagen corporal comenzaba, en algunos contextos, a generar nuevas contradicciones.
Fue entonces cuando empecé a preguntarme si el Body Positive era realmente saludable en todos los contextos. Primero desde mi propia experiencia y luego desde mi práctica clínica. Y fue precisamente ahí donde volvió a cobrar fuerza mi formación médica.
Desde la medicina, sabemos que tanto el sobrepeso como el bajo peso, cuando se sostienen en el tiempo, pueden tener consecuencias importantes para la salud. No se trata de una opinión ni una postura ideológica, sino de una realidad clínica respaldada por la evidencia científica y observada diariamente en la práctica médica.
No podemos ignorar que existen situaciones en las que el cuerpo pierde funcionalidad, limita las actividades cotidianas o comienza a manifestar señales de deterioro físico. Ignorar estas señales no las hace desaparecer. Tanto en la obesidad severa como en la desnutrición, la realidad fisiológica puede diferir de la experiencia subjetiva que la persona tiene de sí misma.
ACEPTAR NO ES NEGAR
Estoy completamente de acuerdo en que no debemos juzgar la apariencia física de los demás. Nunca conocemos la historia que hay detrás: el dolor que una persona carga o el proceso que está atravesando. Alguien puede estar bajando de peso en medio de un episodio depresivo, un trastorno alimentario o una situación vital compleja. Del mismo modo, una persona puede encontrarse en una etapa de aumento de peso por razones que desconocemos. Por eso, aunque parezca inocente o bien intencionado, hablar del cuerpo ajeno nunca es neutral.
Pero evitar esos comentarios, no significa convertir la aceptación en negación. Ignorar las necesidades físicas no es un acto de amor ni de respeto, sino una forma de abandono. El silencio respetuoso no debe confundirse con indiferencia. Aceptar verdaderamente es mirar con compasión, sin disfrazarlo ni negarlo.
Amar al cuerpo no es negar su realidad, sino reconocerla. Amar también puede implicar transformación, pero no desde el rechazo, ni porque sea indigno de amor, sino porque merece cuidado. Amar es mirar de frente, escuchar y actuar desde un lugar honesto y compasivo.
LA ENSEÑANZA DEL BODY POSITIVE
Aun así, no desconozco la importancia del Body Positive. Al contrario, valoro profundamente su aporte al recordarnos, que todos los cuerpos merecen respeto. Fue un movimiento que abrió conversaciones necesarias y puso límites a la violencia estética, a los comentarios sobre el cuerpo ajeno y a las exigencias estéticas presentadas como verdades absolutas. El problema, a mi juicio, no es el Body Positive, sino la distorsión que con el tiempo ha llevado a confundir la aceptación con la negación de la realidad.
LA LIBERTAD DE HABITAR NUESTRO CUERPO
En medio de estas contradicciones, surgió para mí la necesidad de explorar otras formas de relacionarnos con el cuerpo. Fue entonces cuando el Body Neutrality empezó a tener sentido, tanto desde mi mirada personal como profesional. A diferencia del Body Positive, que pone el acento en amar y celebrar al cuerpo tal como es, el Body Neutrality plantea que no siempre es necesario amar la experiencia física para poder cuidarse. Reconoce al cuerpo como un vehículo y una herramienta que nos permite vivir, más que un objeto de evaluación estética. Es decir, descentra, la imagen corporal de la autoestima y la identidad, conectándola con la funcionalidad y el bienestar.
Lo que me atrajo de esta propuesta fue que ofrecía una salida a una discusión atrapada entre dos extremos. Ya no se trataba de odiar el cuerpo ni obligarse a amarlo, tampoco de transformarlo a toda costa ni de negar aquello que necesita cuidado
Esta mirada me permite acompañar a las personas desde un lugar más auténtico y abierto. El peso, la apariencia o la forma corporal no determinan mi percepción de una persona ni mi forma de vincularme a ella. Solo adquieren relevancia cuando afectan su bienestar y requieren ser abordados desde el cuidado. La realidad física es una parte importante de nuestras vidas, pero no define nuestra identidad.
Y quizás ahí, reside la verdadera libertad: dejar de convertir el cuerpo en un campo de batalla y comenzar a habitarlo.